
Introducción
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo progresivo caracterizado por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, lo que produce síntomas motores cardinales como bradicinesia, rigidez, temblor en reposo e inestabilidad postural, además de múltiples síntomas no motores [1]. El ejercicio físico se ha consolidado como un pilar fundamental en el tratamiento complementario de la EP, con beneficios documentados tanto en síntomas motores como no motores [2].
Beneficios del ejercicio físico en la enfermedad de Parkinson
- Beneficios sobre la función motora y la movilidad
El ejercicio físico produce mejoras significativas en la función motora de personas con EP. Una revisión de ensayos clínicos aleatorizados demostró que la fisioterapia y el ejercicio producen un efecto moderado en la mejora de la marcha, el equilibrio y las actividades de la vida diaria [1]. La marcha mejora especialmente con el entrenamiento en cinta rodante y el entrenamiento estratégico de la marcha [1]. Un estudio piloto demostró que el entrenamiento aeróbico progresivo en cinta rodante durante tres meses es seguro y factible en personas con EP que presentan alteraciones de la marcha [3].
- Beneficios sobre la calidad de vida
Un metaanálisis que incluyó 20 estudios con 1.143 participantes demostró una mejora significativa en la calidad de vida tras intervenciones de ejercicio (SMD = -0,24; IC 95% = -0,36 a -0,12; p < 0,001) [4]. El análisis por subgrupos reveló que el ejercicio aeróbico, las artes marciales (como el Tai Chi) y la danza producen mejoras significativas en la calidad de vida, mientras que se requieren intervenciones de al menos 12 semanas para obtener beneficios sustanciales [4].
- Beneficios sobre síntomas no motores
El ejercicio también tiene un impacto positivo en síntomas no motores como la depresión, la ansiedad, la fatiga y el deterioro cognitivo [2]. Los pacientes que realizan actividad física de forma regular reportan un impacto positivo en sus síntomas parkinsonianos, lo que a su vez funciona como motivador para mantener la actividad [5].
- Potencial efecto neuroprotector
Existe evidencia emergente que sugiere que el ejercicio podría tener efectos modificadores de la enfermedad al inducir neuroplasticidad, aumentar los factores neurotróficos (como el BDNF) y mejorar la función mitocondrial [2,6]. Aunque se necesita más investigación, el ejercicio de alta intensidad se ha asociado con una menor progresión de los síntomas motores [6].
- Reducción del riesgo de caídas
Los pacientes con EP tienen el doble de riesgo de caídas en comparación con personas mayores de la misma edad [1]. Los programas de ejercicio que incluyen entrenamiento del equilibrio, fortalecimiento muscular y estrategias de marcha han demostrado reducir la frecuencia de caídas [1,7].
Tipos de ejercicio y modalidades de intervención
Ejercicio aeróbico
El entrenamiento aeróbico (caminata en cinta rodante, bicicleta estática) mejora la capacidad cardiovascular, la marcha y la calidad de vida [4]. Se ha demostrado que es seguro incluso en pacientes con alteraciones de la marcha, aunque se recomienda una evaluación cardiológica previa [3].
Entrenamiento de resistencia
El entrenamiento de fuerza con resistencia progresiva, incluyendo el ejercicio excéntrico de alta intensidad, es seguro y factible en personas con EP en estadios leves a moderados (Hoehn & Yahr 1-3), sin evidencia de daño muscular significativo [8].
Danza
Modalidades como samba, forró y otras danzas mejoran la función motora, el equilibrio y el bienestar de los pacientes [9]. La danza combina componentes aeróbicos, rítmicos y sociales que son particularmente beneficiosos.
Tai Chi y artes marciales
El Tai Chi ha mostrado mejoras significativas en la calidad de vida y el equilibrio en personas con EP [4].
Ejercicios acuáticos (aguas profundas)
Los ejercicios en el medio acuático reducen el riesgo de caídas durante el entrenamiento y proporcionan resistencia gradual, siendo una opción segura y efectiva [9].
Nordic walking (caminata nórdica)
El uso de bastones mejora la estabilidad, la longitud del paso y la activación de la musculatura del tren superior, con beneficios documentados en la marcha [9].
Exergaming y realidad virtual
Las intervenciones basadas en tecnología moderna (videojuegos interactivos, realidad virtual) muestran beneficios en la función motora y la adherencia al tratamiento [1].
Contraindicaciones y precauciones
Evaluación cardiovascular previa
Dado que los pacientes con EP pueden tener disautonomía cardiovascular y mayor riesgo de enfermedad cardiaca, se recomienda una prueba de esfuerzo antes de iniciar programas de ejercicio aeróbico moderado o intenso [3]. En un estudio piloto, 3 de 8 pacientes fueron derivados para evaluación cardiológica adicional tras la prueba de esfuerzo [3].
Riesgo de caídas
El riesgo elevado de caídas es la principal contraindicación relativa. Las personas con inestabilidad postural severa, congelación de la marcha (freezing) o antecedentes de caídas recurrentes requieren supervisión cercana durante la práctica de ejercicio [1,7].
Fluctuaciones motoras («on-off»)
Los pacientes con fluctuaciones motoras deben programar el ejercicio durante los períodos «on» (cuando la medicación es más efectiva) para maximizar el beneficio y minimizar el riesgo [2].
Hipotensión ortostática
La hipotensión ortostática es un factor de riesgo específico de la EP que puede exacerbarse durante el ejercicio, especialmente al cambiar de posición [1].
Fatiga y dolor muscular
Aunque el ejercicio de resistencia excéntrica de alta intensidad ha demostrado no producir daño muscular significativo (los niveles de creatina quinasa sérica no superaron el umbral de daño muscular en ningún momento), es importante un programa progresivo [8].
Deterioro cognitivo
Los pacientes con deterioro cognitivo pueden tener dificultades para seguir instrucciones complejas o recordar las rutinas de ejercicio, requiriendo estrategias adaptadas y supervisión [7].
Estrategias de intervención basadas en la evidencia
- Prescripción individualizada
No existe un enfoque único («one size fits all»). La prescripción debe considerar el estadio de la enfermedad, la gravedad de los síntomas, las comorbilidades y las preferencias del paciente [6]. Un marco útil es el modelo de periodización ondulante (undulating periodization), que alterna intensidades y modalidades de entrenamiento [9].
- Programas estructurados y supervisados
Los programas supervisados por fisioterapeutas o entrenadores especializados mejoran la adherencia y la seguridad [1]. Las intervenciones de al menos 12 semanas son necesarias para lograr mejoras significativas en la calidad de vida [4].
- Combinación de modalidades
Los protocolos más efectivos combinan ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza, equilibrio y flexibilidad [2]. El entrenamiento combinado (multi-modal) es preferible a una sola modalidad [1].
- Programas en el hogar
Los programas de ejercicio en el hogar son factibles y pueden mejorar la adherencia a largo plazo, especialmente cuando incluyen instrucciones claras y seguimiento periódico [10].
- Uso de tecnología
Las aplicaciones móviles y los dispositivos de monitoreo de actividad pueden facilitar el seguimiento y la motivación [5].
- Estrategias para la congelación de la marcha
El entrenamiento estratégico (uso de señales rítmicas, visuales o auditivas) mejora la iniciación de la marcha y reduce los episodios de congelación [1].
Barreras para la práctica de ejercicio
Las barreras se clasifican según la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF):
- Barreras relacionadas con la enfermedad (funciones y estructuras corporales)
Gravedad de los síntomas motores: la falta de equilibrio, las alteraciones de la marcha, el temblor y la rigidez son las principales barreras reportadas [5,11].
Fatiga: uno de los síntomas no motores más incapacitantes que limita la participación en ejercicio [7,11].
Dolor y molestias musculoesqueléticas [12].
Miedo a caerse: constituye una barrera psicológica significativa que lleva a la auto-restricción de la actividad [1].
- Barreras personales
Falta de motivación y autoeficacia: los pacientes en etapas pre-intencionales de cambio conductual presentan barreras relacionadas con estados psicológicos negativos [13].
Depresión y ansiedad: afectan la disposición para realizar actividad física [2].
Falta de conocimiento sobre los beneficios del ejercicio y cómo realizarlo de forma segura [11].
- Barreras ambientales y sociales
Falta de acceso a programas especializados: la disponibilidad limitada de programas de ejercicio adaptados para EP [11].
Problemas de transporte: dificultad para desplazarse a los centros de rehabilitación [7].
Costos económicos: las sesiones de fisioterapia y programas supervisados pueden ser costosos [5].
Falta de apoyo social: la ausencia de compañeros de ejercicio o cuidadores que faciliten la participación [14].
- Barreras relacionadas con el sistema de salud
Falta de derivación por parte de los profesionales sanitarios: el ejercicio sigue siendo infrautilizado a pesar de las guías clínicas [1].
Ausencia de programas comunitarios específicos para EP [11].
Facilitadores para la práctica de ejercicio
- Facilitadores relacionados con la enfermedad
Percepción de beneficio: cuando los pacientes experimentan mejoría en sus síntomas parkinsonianos tras el ejercicio, esto se convierte en el principal motivador [5,11]. El impacto positivo sobre los síntomas específicos de la EP es el facilitador más potente [5].
- Facilitadores personales
Motivación intrínseca y autoeficacia: la confianza en la propia capacidad para hacer ejercicio es un predictor clave de adherencia [13].
Establecimiento de rutinas: la regularidad y predecibilidad de la actividad facilitan la participación [5].
Conocimiento de los beneficios: los pacientes informados sobre los efectos del ejercicio tienen mayor probabilidad de participar [11].
- Facilitadores sociales
Apoyo social: el acompañamiento de familiares, amigos o grupos de ejercicio fomenta la adherencia [5,14].
Programas en grupo: la socialización durante el ejercicio es un potente motivador [7,11].
Profesionales de apoyo: la presencia de fisioterapeutas o instructores que comprendan la EP facilita la participación [14].
- Facilitadores ambientales y del programa
Acceso a programas especializados: contar con instalaciones y programas adaptados a las necesidades de la EP [7].
Variedad de actividades: ofrecer diferentes modalidades de ejercicio permite adaptarse a las preferencias individuales [9].
Programas en el hogar: eliminan las barreras de transporte y pueden aumentar la adherencia [10].
Uso de tecnología: aplicaciones, podómetros y dispositivos de monitoreo facilitan el automonitoreo y la motivación [5].
- Estrategias prácticas («trucos del oficio»)
Uso de señales rítmicas (metrónomo, música) para mejorar la marcha [7].
Ejercicios frente a un espejo para mejorar la conciencia del movimiento [7].
Adaptaciones del entorno (eliminar alfombras, mejorar iluminación) para reducir el riesgo de caídas [7].
Recomendaciones prácticas para la intervención
Basándose en la evidencia revisada, se proponen las siguientes recomendaciones:
Evaluación inicial completa: incluyendo evaluación cardiológica, del riesgo de caídas, de las fluctuaciones motoras y de la capacidad cognitiva [1,3].
Prescripción individualizada: considerando el estadio de Hoehn & Yahr, las comorbilidades y las preferencias del paciente [6].
Duración mínima: programas de al menos 12 semanas para obtener beneficios significativos en calidad de vida [4].
Frecuencia: al menos 3-5 días por semana, combinando ejercicio aeróbico, fortalecimiento y equilibrio [2].
Intensidad: progresiva, desde moderada a vigorosa, según tolerancia [6].
Supervisión: en fases iniciales, especialmente en pacientes con inestabilidad postural o riesgo de caídas [1].
Estrategias de adherencia: incorporar apoyo social, variedad de actividades, retroalimentación positiva y establecimiento de metas realistas [11,13].
Conclusión
El ejercicio físico es una intervención segura, efectiva y esencial en el manejo integral de la enfermedad de Parkinson. Sus beneficios abarcan dominios motores, no motores y la calidad de vida. La prescripción debe ser individualizada y considerar las barreras específicas que enfrenta cada paciente, aprovechando los facilitadores identificados. Aunque persisten desafíos en la implementación, las estrategias multimodales, supervisadas y con apoyo social ofrecen el mayor potencial para mejorar la adherencia y los resultados a largo plazo.
Referencias
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