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¿Por qué las personas con TEA siguen fuera del deporte comunitario? Del beneficio teórico a la participación real: barreras invisibles y estrategias que sí funcionan

Introducción

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades en la comunicación e interacción social, así como por patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento e intereses [1]. A pesar de que los beneficios de la actividad física y el deporte están ampliamente documentados para la población general, las personas con TEA presentan tasas de participación significativamente menores que sus pares neurotípicos [2,3]. Estudios indican que apenas un 12% de los niños con TEA alcanzan niveles suficientes de actividad física [4], y que los adolescentes con TEA participan en menos actividades físicas y deportivas que los adolescentes con desarrollo típico [2]. La paradoja es evidente: sabemos que el deporte les beneficia, pero la participación real sigue siendo mínima. Este artículo explora por qué ocurre esto y qué estrategias funcionan para cambiarlo.

1. Los beneficios teóricos del deporte en personas con TEA

La investigación respalda de forma sólida los beneficios de la actividad física para personas con TEA. Los beneficios reportados por padres y cuidadores incluyen mejoras en el ámbito físico (condición cardiovascular, fuerza, control del peso), psicosocial (reducción de conductas estereotipadas, mejora del estado de ánimo) y cognitivo (mejora de la atención y la función ejecutiva) [5]. Una revisión sistemática reafirma que la actividad física planificada influye positivamente en la salud y el bienestar de niños con TEA, con efectos en la reducción de comportamientos repetitivos y la mejora de la interacción social [6]. Incluso el fútbol, como deporte de equipo, se ha señalado como una herramienta terapéutica y de rehabilitación que puede mejorar las habilidades sociales y motoras [3]. Sin embargo, estos beneficios solo se materializan si la persona logra acceder y permanecer en el deporte.

2. Barreras invisibles que mantienen fuera del deporte

Para entender la brecha entre el beneficio teórico y la participación real, es necesario analizar las barreras desde un enfoque ecológico-social, que distingue factores intrapersonales, interpersonales, comunitarios, institucionales y de políticas públicas [5].

2.1. Barreras intrapersonales

Características del TEA. Las conductas asociadas al TEA —dificultades de comunicación social, hipersensibilidad sensorial (ruido, luces, contacto físico), rigidez cognitiva y ansiedad ante lo impredecible— constituyen la barrera más citada por padres y cuidadores [1,5]. Los propios adolescentes con TEA describen una participación condicionada: su disposición a participar depende de que se cumplan ciertas condiciones relacionadas con la seguridad, la predictibilidad y el sentido de competencia [7]. Un estudio reveló que el 65% de los adolescentes con TEA disfrutaban los deportes de equipo (frente al 95% de los neurotípicos), y el 16% percibía que las actividades físicas eran «demasiado difíciles de aprender» (ningún neurotípico reportó esto) [8].

Falta de motivación y autopercepción. Muchos adolescentes con TEA no eligen la actividad física en su tiempo libre (25% frente al 58% de sus pares) y no ven el deporte como una vía para hacer amigos (68% frente al 97%) [8]. Esto se relaciona con experiencias previas negativas y con una autopercepción de baja competencia motora.

2.2. Barreras interpersonales

Falta de formación de entrenadores y monitores. Uno de los hallazgos más consistentes es que los entrenadores y monitores deportivos carecen de formación específica sobre TEA. Ohrberg destaca que el rol del entrenador y del gestor deportivo es fundamental, pero la mayoría desconoce cómo adaptar las instrucciones, cómo manejar las crisis sensoriales o cómo fomentar la inclusión social [9]. Los padres señalan que «la actitud del entrenador lo es todo»: cuando el entrenador no comprende el TEA, el niño es excluido o etiquetado como «problemático» [10].

Estigma y actitudes capacitistas. El entorno deportivo comunitario suele estar impregnado de una perspectiva capacitista (ableist) que considera la discapacidad como algo «anormal» o «negativo» [11]. McMahon y colegas, mediante una autoetnografía colaborativa de dos madres de niños con TEA, documentaron experiencias de estigmatización, exclusión y maltrato no accidental en contextos deportivos [11]. Los niños eran señalados, ridiculizados o simplemente ignorados por sus pares y por los adultos.

2.3. Barreras comunitarias e institucionales

Falta de programas adaptados. La mayoría de los programas deportivos comunitarios están diseñados para la población neurotípica y no contemplan adaptaciones metodológicas, de comunicación o sensoriales [5,9]. Como resultado, las familias se encuentran con que no hay opciones inclusivas reales en su comunidad.

Carga económica y logística. El costo de los programas especializados, el transporte y la necesidad de que un adulto acompañe durante toda la actividad son barreras significativas [1,4,5]. Memari y colaboradores encontraron que la carga financiera y la falta de oportunidades eran las principales barreras percibidas para la actividad física en niños con TEA en Irán [4].

Falta de apoyos en la transición a la adultez. Nichols y sus colegas señalan que los jóvenes adultos con TEA que ya no reciben servicios escolares (como educación física adaptada) experimentan un «vacío» de oportunidades, volviéndose aún más sedentarios [1]. La transición a la adultez es un punto crítico donde muchas personas con TEA abandonan definitivamente el deporte.

2.4. Barreras relacionadas con las relaciones entre pares

Ryan, Fraser-Thomas y Weiss encontraron que los jóvenes con TEA y discapacidad intelectual tenían experiencias sociales positivas (PSE) significativamente menores en el deporte que aquellos con solo discapacidad intelectual [12]. Las habilidades sociocomunicativas, la relación con el entrenador y los recursos disponibles mediaban esta relación. Es decir, no basta con estar en el mismo campo; la calidad de la interacción social es clave y, sin apoyos, suele ser negativa.

3. Estrategias que sí funcionan: de la teoría a la práctica inclusiva

Afortunadamente, existe evidencia sólida sobre qué estrategias promueven la participación real y sostenida de personas con TEA en el deporte comunitario.

3.1. Estrategias de coaching individualizado

Conocer a la persona. El estudio de Kimber, Burns y Murphy, con entrenadores expertos de diversos deportes, identificó que la práctica óptima se resume en «conocer a la persona joven» [13]. Esto implica entender sus intereses específicos, sus sensibilidades sensoriales, su estilo de comunicación y sus desencadenantes de ansiedad. Los entrenadores efectivos adaptan su lenguaje (instrucciones claras, literales y visuales), usan horarios predecibles y ofrecen opciones para que el deportista tenga control sobre su participación [13].

Estrategias visuales y rutinas. El programa Success in Physical Activity (SPA), basado en el modelo TEACCH, utiliza estructura física, horarios visuales y organización de tareas para reducir la ansiedad y facilitar la comprensión [14]. Estas adaptaciones, que incluyen el uso de pictogramas, agendas visuales y zonas de trabajo delimitadas, han demostrado ser altamente efectivas.

3.2. Programas multi-deporte escolares y comunitarios

Enfoque multi-deporte. El programa Supporting Success, un programa escolar multi-deporte con enfoque de investigación-acción participativa, demostró que las estrategias de coaching y el diseño del programa son variables fundamentales para fomentar la socialización y la participación positiva [15]. Milanese y colaboradores describen estrategias específicas como el uso de «compañeros de apoyo», la división de habilidades en pasos pequeños y el refuerzo positivo constante [16].

3.3. Deportes unificados y programas de pares

Unified Sports. La revisión de Grandisson y colegas sobre estrategias para fomentar la inclusión a través del deporte identificó cinco estrategias prometedoras, entre las que destacan los programas de Deportes Unificados (donde personas con y sin discapacidad intelectual juegan en el mismo equipo) y los programas de apoyo entre pares [17]. Estas estrategias promueven la participación como atleta en actividades mainstream, la participación como aficionado y las actividades de sensibilización.

3.4. Adaptaciones ambientales y sensoriales

Entornos predecibles y seguros. Para los adolescentes con TEA, la participación condicionada significa que el entorno debe sentirse seguro, predecible y controlable [7]. Esto incluye reducir el ruido ambiental, evitar cambios de última hora en las rutinas, permitir tiempos de descanso sensorial, y ofrecer espacios de retiro cuando la sobrecarga sensorial sea excesiva.

Programas acuáticos. Los programas de natación y actividades acuáticas son particularmente recomendables para niños con TEA. Kraft, Leblanc y Culver describen estrategias como el uso de instrucciones visuales, la enseñanza uno a uno inicial, y la creación de un entorno acuático estructurado y predecible [18]. El medio acuático reduce la sobrecarga sensorial y facilita la concentración.

3.5. Participación familiar y eventos comunitarios inclusivos

Implicación de la familia. El papel de los padres es fundamental como facilitadores. Los padres actúan como «entrenadores en la sombra», defensores y gestores de la logística [1,10]. Incluir a la familia en el diseño del programa y ofrecer eventos deportivos comunitarios inclusivos —como los descritos por Milgramm, Wilkinson y Christodulu— mejora la satisfacción y la participación sostenida [19].

3.6. Formación obligatoria de entrenadores y gestores

Capacitación específica. Los entrenadores necesitan formación no solo sobre TEA, sino sobre estrategias prácticas de adaptación. Ohrberg recomienda que los gestores deportivos y entrenadores reciban capacitación sobre comunicación alternativa, manejo de conducta y diseño universal para el aprendizaje (UDL) [9]. Los resultados del programa Supporting Success confirman que cuando los entrenadores reciben briefing y debriefing continuo, la experiencia deportiva mejora sustancialmente [15].

3.7. Promoción de la actividad física en el tiempo libre

Intereses y preferencias. Dado que los adolescentes con TEA muestran menor preferencia por el deporte en su tiempo libre, es crucial vincular la actividad física con los intereses especiales de la persona (por ejemplo, deportes que impliquen números, coleccionables o patrones repetitivos) [8]. Las intervenciones deben ser placenteras, no coercitivas.

4. Hacia un modelo de participación real

La evidencia apunta a que la participación deportiva de personas con TEA no puede entenderse en términos binarios (incluido/excluido), sino como un continuo condicionado [7]. La inclusión real requiere un cambio de paradigma: pasar de esperar que la persona con TEA se adapte al deporte tradicional, a transformar el entorno deportivo para que sea verdaderamente acogedor. Grandisson y su equipo proponen un modelo de inclusión social mediante la participación deportiva que combina oportunidades variadas, contextos tan inclusivos como sea posible, y apoyos ajustados a las necesidades individuales [17].

Conclusión

Las personas con TEA siguen fuera del deporte comunitario no porque no puedan o no quieran participar, sino porque se enfrentan a barreras invisibles y sistémicas: falta de formación de los entrenadores, entornos sensorialmente hostiles, estigma social, ausencia de programas adaptados y una transición mal gestionada a la adultez. Sin embargo, las estrategias que funcionan existen y están documentadas: coaching individualizado y basado en el conocimiento de la persona, uso de apoyos visuales y rutinas predecibles, programas multi-deporte y Deportes Unificados, adaptaciones ambientales y sensoriales, formación obligatoria de entrenadores, e involucración activa de las familias. El reto no está en las personas con TEA, sino en la voluntad de las instituciones deportivas y comunitarias de transformar sus prácticas.

Referencias

[1]Nichols C, Block ME, Bishop JC, McIntire B. Physical activity in young adults with autism spectrum disorder: Parental perceptions of barriers and facilitators. Autism. 2019;23(6):1398-1407
DOI: 10.1177/1362361318810221
[2]Arnell S, Jerlinder K, Lundqvist L-O. Perceptions of physical activity participation among adolescents with autism spectrum disorders: A conceptual model of conditional participation. J Autism Dev Disord. 2018;48:1792-1802
DOI: 10.1007/s10803-017-3436-2
[3]Vetri L, Roccella M. On the playing field to improve: A goal for autism. Medicina. 2020;56(11):585
DOI: 10.3390/medicina56110585
[4]Memari AH, Panahi N, Ranjbar E, Moshayedi P, Shafiei M, Kordi R, Ziaee V. Children with autism spectrum disorder and patterns of participation in daily physical and play activities. Neurol Res Int. 2015;2015:531906
DOI: 10.1155/2015/531906
[5]Obrusnikova I, Miccinello DL. Parent perceptions of factors influencing after-school physical activity of children with autism spectrum disorders. Adapt Phys Activ Q. 2012;29(1):63-80
DOI: 10.1123/apaq.29.1.63
[6]Fessia G, Manni D, Contini L, Astorino F. Estrategias de actividad física planificada en autismo: revisión sistemática. Rev Salud Pública. 2018;20(3):390-395
DOI: 10.15446/rsap.v20n3.63040
[7]Arnell S, Jerlinder K, Lundqvist L-O. Perceptions of physical activity participation among adolescents with autism spectrum disorders: A conceptual model of conditional participation. J Autism Dev Disord. 2018;48:1792-1802
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DOI: 10.1123/APAQ.2015-0038
[9]Ohrberg NJ. Autism spectrum disorder and youth sports: The role of the sports manager and coach. J Phys Educ Recreat Dance. 2013;84(9):52-56
DOI: 10.1080/07303084.2013.838118
[10]McMahon J, Wiltshire G-É, McGannon KR, Rayner C. Children with autism in a sport and physical activity context: A collaborative autoethnography by two parents outlining their experiences. Sport Educ Soc. 2019;25(9):1027-1042
DOI: 10.1080/13573322.2019.1680535
[11]McMahon J, Wiltshire G-É, McGannon KR, Rayner C. Children with autism in a sport and physical activity context: A collaborative autoethnography by two parents outlining their experiences. Sport Educ Soc. 2019;25(9):1027-1042
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[12]Ryan S, Fraser-Thomas J, Weiss JA. Patterns of sport participation for youth with autism spectrum disorder and intellectual disabilities. J Appl Res Intellect Disabil. 2018;31(3):369-378
DOI: 10.1111/jar.12414
[13]Kimber A, Burns J, Murphy M. «It’s all about knowing the young person»: Best practice in coaching autistic athletes. Sports Coaching Review. 2021;11(3):241-259
DOI: 10.1080/21640629.2021.1944527
[14]Schultheis SF, Boswell BB, Decker J. Successful physical activity programming for students with autism. Focus Autism Other Dev Disabl. 2000;15(3):167-173
DOI: 10.1177/108835760001500306
[15]Rosso EGF. Brief report: Coaching adolescents with autism spectrum disorder in a school-based multi-sport program. J Autism Dev Disord. 2016;46:2486-2491
DOI: 10.1007/s10803-016-2759-8
[16]Milanese E, McGrath R, Crozier A. Developing effective coaching strategies for adolescents with autism spectrum disorder in a school-based multi-sport program. Strategies. 2019;32(2):49-52
DOI: 10.1080/08924562.2019.1559641
[17]Grandisson M, Marcotte J, Niquette B, Milot É. Strategies to foster inclusion through sports: A scoping review. Inclusion. 2019;7(4):220-233
DOI: 10.1352/2326-6988-7.4.220
[18]Kraft E, Leblanc R, Culver DM. Strategies for teaching children with autism spectrum disorder in recreational aquatics programs. J Phys Educ Recreat Dance. 2019;90(1):24-29
DOI: 10.1080/07303084.2018.1535338
[19]Milgramm A, Wilkinson E, Christodulu K. Brief report: Family recreation for individuals with autism spectrum disorder. Int J Disabil Dev Educ. 2021;70(1):141-151
DOI: 10.1080/1034912X.2021.1925879

 

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